Actualizado el:
04.07.2026
De estrella del western a cazarrecompensas inmortal: la historia de Cooper Howard, El Necrófago de la serie de Fallout.
El Necrófago (The Ghoul)
Cooper Howard era una estrella del western de Hollywood hasta que la Gran Guerra de 2077 lo convirtió en necrófago. Durante más de 200 años recorre el Yermo como cazarrecompensas mientras busca a su mujer y a su hija. Es uno de los tres protagonistas de la serie de Fallout (interpretado por Walton Goggins) y también aparece en Fallout 76. Aviso: contiene spoilers mayores de las temporadas 1 y 2.
Pocos personajes han sacudido el universo de Fallout como él. Hablo de El Necrófago (The Ghoul), el cazarrecompensas sin nariz, pistolero y despiadado, que se convirtió en la gran revelación de la serie de televisión y en el rostro más reconocible de toda la franquicia para millones de personas que jamás habían tocado un juego.
Pero detrás de ese mercenario que dispara primero y pregunta después hubo un hombre: Cooper Howard, una estrella de Hollywood, marido y padre. Hoy te cuento su historia completa, del plató al Yermo, porque entender al Necrófago es entender de qué va realmente Fallout.
⚠️ Aviso: este artículo destripa de arriba abajo las temporadas 1 y 2 de la serie de Fallout (y su historia en Fallout 76). Si todavía no las has visto y quieres llegar virgen, guárdalo para después.
El Necrófago es, junto a Lucy MacLean y Maximus, uno de los tres protagonistas de la serie de Fallout. Nacido como Cooper Howard, fue un famoso actor de westerns en la era anterior a la guerra; cuando cayeron las bombas, la radiación lo transformó en un necrófago (un ghoul: esos humanos irradiados de piel marchita y vida alargada) y pasó más de dos siglos matando y sobreviviendo en el Yermo como cazarrecompensas.
Para el año 2296 es uno de los asesinos más temidos de los alrededores de Los Ángeles, respetado y temido por su puntería letal y su falta absoluta de escrúpulos. Lo interpreta Walton Goggins, que le da vida en sus dos caras: el cínico pistolero del presente y el galán de Hollywood de los flashbacks. Y ojo, porque no sale solo en la serie: también aparece en Fallout 76, en la actualización Burning Springs, donde ofrece misiones de caza a los habitantes del Refugio 76.
Su apodo en el doblaje en español es literal, «El Necrófago». Y, como vas a ver, ese nombre esconde una de las tragedias mejor contadas del Yermo.
Cooper nació en algún momento del siglo XXI (la serie nunca da una fecha exacta, así que su edad queda abierta). En algún punto conoció a una mujer llamada Barb y se enamoró de ella, según él, por su empeño en intentar siempre hacer lo que creía correcto. Le pidió matrimonio durante unas vacaciones en Catalina, en un «punto romántico» entre las rocas que él recordaba como «cubierto de mierda de gaviota». Funcionó: se casaron y tuvieron una hija, Janey, nacida el 14 de abril de 2065.
En 2066, poco después de nacer Janey, estalló la Guerra Sino-Estadounidense. Cooper sirvió en el Cuerpo de Marines de Estados Unidos y fue desplegado al frente de Alaska, donde vivió en primera persona lo cerca que estuvo el territorio americano de caer en manos chinas hasta que llegó la servoarmadura T-45 de West-Tek, que él mismo vistió.
Aquella armadura, sin embargo, arrastraba fallos de diseño que costaron muchas vidas: una soldadura vulnerable justo bajo el peto. Cooper estuvo a punto de morir por ello durante una misión de rescate en una isla, emboscado por fuerzas chinas mientras su T-45 fallaba. Lo salvó algo imposible: un Sanguinario, esa criatura monstruosa que él no podía reconocer entonces. La bestia despedazó a sus atacantes y casi hace lo mismo con él hasta que otra pelea la atrajo lejos. Ese «demonio en la nieve» se convertiría en un trauma que lo perseguiría durante siglos.
Tras licenciarse y volver a California, Cooper se metió a actor en Hollywood. En una década se hizo un nombre como estrella de westerns, con sagas como A Man and His Dog (donde actuó junto al perro actor Roosevelt, al que terminó adoptando como mascota) y The Man from Deadhorse. Esta última, por cierto, fue reescrita a mitad de rodaje para inyectarle un patriotismo más agresivo y que su personaje no mostrara ningún remordimiento ante el enemigo derrotado; a Cooper le incomodó, pero acabó rodando la escena como le pidieron. La película fue un exitazo.
🎬 Detalle preguerra: en plena promoción, Barb (ya ejecutiva de alto rango de Vault-Tec) convenció a Cooper para posar con el mono azul del Refugio. De ahí salió su gesto más icónico: el pulgar hacia arriba, sonriendo. Ese pulgar lo perseguiría para bien y para mal.
El Necrófago es Cooper Howard, una estrella del western de Hollywood a la que la Gran Guerra de 2077 transformó en necrófago. Durante más de dos siglos sobrevive en el Yermo como cazarrecompensas mientras busca a su mujer y a su hija. Es uno de los tres protagonistas de la serie de Fallout, interpretado por Walton Goggins.
Al Necrófago lo interpreta el actor Walton Goggins, que encarna sus dos caras: el cínico pistolero del presente y el galán de Hollywood de los flashbacks. Cooper Howard es su nombre humano antes de la guerra: veterano marine de Alaska, actor de westerns, marido de Barb y padre de Janey, hasta que la radiación lo transformó.
Con el paso de los siglos, muchos necrófagos pierden la mente y se vuelven salvajes (ferales): criaturas agresivas y sin raciocinio. El Necrófago frena esa degeneración con unos viales inhaladores de los que depende. Cuando se queda sin ellos empieza a sufrir brotes de comportamiento salvaje, como ocurre cuando queda empalado en un poste en New Vegas.
Sí. Además de la serie, aparece en Fallout 76 con la actualización Burning Springs, donde ofrece misiones de caza a los habitantes del Refugio 76 desde Highway Town, en Ohio. También está en Fallout Shelter (como el Necrófago y como Cooper Howard) y en los juegos de mesa Fallout: Wasteland Warfare y Fallout: Factions.
Cuando arrancó la campaña promocional, la implicación de Cooper con Vault-Tec creció sin parar. Empezó a aparecer en anuncios de televisión promocionando los Refugios y, aunque la empresa pagaba muy bien, su antigua carrera se hundía: otros actores despreciaban su trabajo, el del «vendedor del fin del mundo». Su primer boicot llegó cuando sus compañeros de reparto se negaron a salir de sus caravanas con él en el set por «motivos morales».
En privado, el papel de mascota corporativa lo desgastaba, y sentía un desprecio creciente hacia los ejecutivos de Vault-Tec, socialmente desconectados de la realidad. Uno de esos encuentros fue con Bud Askins, que presumía de haber supervisado el despliegue de la T-45 en West-Tek, justo la armadura que casi lo mata. En una fiesta organizada por Barb, todo Hollywood le dio la espalda salvo el actor Sebastian Leslie, que también se había pasado a la publicidad.
Las diferencias con Barb se agrandaron. En una discusión, ella dejó escapar que en los Refugios había diferencias «de serie» y que su puesto en Vault-Tec garantizaba a la familia una plaza en uno de los «buenos». Cooper, cada vez más desencantado, contactó en secreto con su viejo amigo y veterano de guerra Charles Whiteknife, que lo llevó a una reunión de «radicales» sociales en el mausoleo de Hollywood Forever.
Allí conoció a la líder del grupo, Kate Williams. Su discurso al principio le repugnó, pero ella lo retuvo insinuando que su mujer guardaba secretos. En privado, Williams le reveló que Vault-Tec había comprado su investigación sobre fusión fría, una tecnología que podría haber puesto fin a las Guerras de los Recursos. Cooper se negó a colaborar, pero se quedó con el dispositivo de escucha que ella le entregó «de recuerdo».
La duda lo carcomió hasta que probó ese dispositivo con el Pip-Boy de Barb. Decidido a espiar a Vault-Tec, se coló en la sede de la empresa en Los Ángeles y escuchó una conferencia secreta en la que su mujer proponía algo monstruoso: dejar que otras corporaciones usaran los Refugios para experimentos sociales con sus habitantes y, peor aún, que Vault-Tec provocara el propio apocalipsis para garantizar el retorno de la inversión. En shock, Cooper apenas registró su encuentro con el joven asistente de Barb, Henry «Hank» MacLean.
Hundido por la revelación, Cooper pensó primero en huir con Janey, pero Williams lo convenció para acompañar a Barb a Las Vegas, donde supuestamente entregaría la fusión fría al director de RobCo, Robert House. El plan de Williams era que Cooper recuperase la tecnología y asesinara a House; él se negó a matar. En un acto benéfico, Charlie Whiteknife volvió a presionarlo y le regaló su mechero conmemorativo como símbolo de actuar por un bien mayor.
En Las Vegas, dentro del Lucky 38, Cooper conoció al Securitrón Victor y al verdadero Robert House, que le habló de destinos «matemáticamente entrelazados»: sus algoritmos situaban la guerra nuclear el 14 de abril de 2065, el mismo día que nació Janey. House afirmó incluso haber visto al «demonio en la nieve» mediante el espionaje instalado en las T-45 del ejército, y aseguró que había «otro jugador en la mesa» que provocaría la guerra.
Cooper acabó robando el diodo de fusión fría con ayuda de la propia Barb y se lo entregó al presidente de Estados Unidos a través de la congresista Diane Welch, creyendo que así frenaría a House y a Vault-Tec. Fue una trampa: el presidente (en realidad un miembro del Enclave) lo entregó al Comité de Actividades Antiamericanas como sospechoso de comunista. Para proteger a Barb y a Janey, Cooper cargó solo con la culpa y ordenó a su mujer que negara saber nada.
💀 El precio: Vault-Tec lo borró como mascota y lo sustituyó por un dibujo animado, Vault Boy. Cooper, arruinado y señalado como un apestado social, acabó animando fiestas de cumpleaños infantiles para ganarse la vida.
El día de la Gran Guerra, Cooper actuaba con Janey en la fiesta del octavo cumpleaños de un niño en Hollywood Hills cuando cuatro cabezas nucleares impactaron sobre Los Ángeles. Intentó huir con su hija a lomos de su caballo, Sugarfoot. En algún momento del caos, padre e hija se separaron. No volvería a saber de ella durante más de dos siglos.
Cooper terminó transformado en necrófago (no queda claro si por la radiación o por otro medio) y convencido de que su familia podría haber llegado a salvo a un Refugio, quizá a uno de esos «Refugios especiales para directivos» que mencionó Barb. Durante más de dos siglos buscó una pista que lo llevara hasta ellas. Nunca llegó a encontrarla del todo.
El Yermo lo cambió por completo. Cooper Howard, el galán, se fue disolviendo poco a poco en «el Necrófago»: un mercenario endurecido, pragmático y amoral, dispuesto a lo que hiciera falta para sobrevivir, incluido el canibalismo. Se hizo famoso como cazarrecompensas y, con los años, su condición empezó a deslizarse hacia el estado salvaje (el destino final de muchos necrófagos, que acaban perdiendo la mente). Para frenarlo se volvió dependiente de unos viales inhaladores que retrasan esa degeneración mental.
Hacia el año 2105, el Necrófago ya había abrazado del todo su personaje. Se instaló en Highway Town, en la región de Burning Springs (la Ohio de posguerra), para seguir con su trabajo de cazarrecompensas, y allí se cruza con los habitantes del Refugio 76. Eligió el bar Last Resort porque su propietaria, Millstone, guarda un buen surtido de los viales de los que depende. Aunque no suelta muchos detalles, asegura que ha venido a Ohio a ajustar cuentas con alguien al que lleva tiempo rastreando.
A lo largo de sus viajes, el Necrófago se cruzó con medio Yermo. Exploró numerosos Refugios buscando a su familia, incluidos varios «Refugios de gestión», y descubrió que, al contrario de lo que le dijo Barb, había más de uno de esos Refugios especiales; todos los que encontró estaban vacíos. Por el camino se ganó enemigos memorables:
De ese entierro perpetuo lo rescataría, ya en 2296, el trío de cazarrecompensas que pone en marcha toda la historia de la serie.
Hacia 2296, un grupo de mercenarios liderado por Honcho saca al Necrófago de su tumba para reclutarlo y cobrar la recompensa por Siggi Wilzig, un científico desertor del Enclave que lleva un artefacto crítico rumbo a Los Ángeles, el viejo hogar del Necrófago. Cuando Honcho remueve su pasado, el cazarrecompensas mata a sus compañeros, patea a Honcho a su propia fosa y decide ir a por Wilzig en solitario.
El rastro lo lleva al pueblo comercial de Filly. Allí aparece Wilzig con su perra CX404, y también Lucy MacLean, una moradora del Refugio 33 que busca a la mujer que secuestró a su padre. El Necrófago, ignorando la prohibición de entrada a los necrófagos, le vuela un pie a Wilzig de un disparo. Se desata un tiroteo en el que mata al menos a diez personas; Lucy le clava un dardo tranquilizante que apenas le hace efecto, y la llegada de Maximus (haciéndose pasar por el Caballero Titus) con su servoarmadura T-60 impide que atrape a su objetivo.
☢️ Aquí brilla el personaje: el Necrófago derrota a Maximus aprovechando que conoce los puntos débiles de la servoarmadura, los mismos fallos de soldadura que casi lo matan a él en Alaska 200 años atrás. «Regla número uno: lee el manual.»
Wilzig muere antes de que el Necrófago lo alcance: Lucy se ha llevado su cabeza para entregarla a Moldaver. La persecución lleva al cazarrecompensas hasta Lucy en los restos inundados de Hollywood Boulevard, donde ella intenta recuperar la cabeza del estómago de un gulper (una criatura anfibia gigante del Yermo). En la pelea, Lucy pierde los viales del Necrófago, lo que lo obliga a cambiar de prioridades y a arrastrarla consigo para conseguir más.
El trato es brutal: planea cambiar a Lucy por viales a unos cosechadores de órganos de un Super Duper Mart de Santa Mónica. Por el camino la trata con crudeza para enseñarle «cómo funciona de verdad el Yermo», e incluso le corta un dedo cuando ella le arranca otro de un mordisco. Pero, cuando él se desploma por su deterioro, Lucy le perdona la vida y le deja un vial. Es su «regla de oro»: tratar a los demás como te gustaría que te trataran a ti.
Capturado por la banda del «Govermint», el Necrófago se reencuentra con su viejo conocido Sorrel Booker y descubre un cartel de búsqueda de Lee Moldaver, en quien reconoce a la mismísima Kate Williams de antes de la guerra. Siguiendo su pista llega al Observatorio Griffith, justo cuando Lucy va a entregar la cabeza de Wilzig (y el artefacto que contiene) a cambio de su padre, el supervisor del Refugio 33: Hank MacLean, el mismo Hank que el Necrófago conoció siendo ejecutivo de Vault-Tec.
El Necrófago dispara y hiere a Hank tras reconocerlo, pero lo deja huir a propósito. ¿Por qué? Porque está convencido de que Hank lo conducirá hasta su familia. Y porque entiende que Lucy, como hija de Hank, le será útil. Así, le permite unirse a él y a la perra (a la que rebautiza Dogmeat) para perseguir a Hank, que ha huido al Yermo de Mojave.
La segunda temporada es un western de carretera: el Necrófago y Lucy cruzan el Yermo de Mojave rumbo a New Vegas siguiendo el rastro de Hank, chocando de frente y, a la vez, influyéndose el uno al otro.
En Novac, tomada por un grupo de Grandes Khan, montan una estafa que repiten varias veces: Lucy entrega al Necrófago para cobrar la recompensa que pesa sobre su cabeza y luego lo libera para matar a todos y quedarse con sus provisiones. El plan casi le cuesta la vida (Lucy se demora intentando negociar en paz), pero acaba funcionando. Más adelante, en un autocine abandonado, descubren el Refugio 24: un experimento que lavaba el cerebro a ciudadanos para convertirlos en agentes durmientes comunistas. Hank ha pasado por allí buscando algo y deja un mensaje espeluznante usando a un hombre con un chip al que le estalla la cabeza.
El choque moral entre los dos estalla cuando Lucy insiste en socorrer a una mujer que pide ayuda en un hospital en ruinas. Resultan ser esclavos de la Legión de César; el Necrófago decide que no merecen ayuda, pero no se explica, y tras un ataque de Mutascorpius (esos escorpiones gigantes irradiados) Lucy cura a la esclava en vez de a él y lo abandona. La Legión la captura.
Para rescatarla, el Necrófago busca a la RNC y descubre con amargura que solo quedan tres soldados, liderados por la capitana Rodriguez. Primero se niega a ayudar e incluso planea entregarlos a la Legión a cambio de Lucy; pero, espoleado por el recuerdo de Charles Whiteknife, vuelve a actuar contra su propio interés y hace volar un alijo de dinamita en el campamento legionario, desatando una guerra civil entre las dos facciones de la Legión que le da tiempo a salvar a los soldados de la RNC.
Al llegar al Strip de New Vegas, lo encuentran infestado de Sanguinarios, lo que los obliga a huir a Freeside. Allí, Hank envía a un emisario controlado mentalmente para confirmar lo que el Necrófago sospechaba: Barb y Janey están criogenizadas en un Refugio de gestión bajo New Vegas, y las matará si no devuelve a Lucy al Refugio 33.
El Necrófago elige traicionar a Lucy y la duerme con un dardo, sintiendo culpa por primera vez en 200 años. Ella reacciona a tiempo y lo lanza por una ventana: queda empalado en un poste, al borde de la muerte y sufriendo sus primeros brotes de comportamiento salvaje, hasta que lo rescata un misterioso supermutante encapuchado. Este le cura la herida con un trozo de uranio e intenta reclutarlo para una guerra contra el Enclave; el Necrófago se niega, y el mutante lo deja inconsciente en una escuela, donde lo encuentran Maximus y Thaddeus.
Juntos, los tres pactan una «transacción»: el Necrófago consigue el diodo de fusión fría a cambio de entregar a Maximus una servoarmadura de la RNC, que usa como escudo humano contra los Sanguinarios. Dentro del Lucky 38, reactiva la copia de seguridad de la IA de Robert House con el diodo y negocia entrar en el Refugio de gestión. House le confiesa que el Enclave sigue moviendo los hilos desde las sombras y lo acusa de haberles dado el poder al entregarles la fusión fría antes de la guerra.
Dentro del Refugio, el Necrófago salva a Lucy de su padre justo cuando Hank iba a implantarle un chip de control mental; lo hiere y deja su destino en manos de Lucy. Por fin llega a la cámara criogénica donde debería estar su familia... pero las cápsulas de Barb y Janey están vacías. En la de Barb encuentra una postal de Colorado con el mensaje «Colorado fue una gran idea». Lejos de hundirse, renueva la esperanza: por primera vez en dos siglos sabe que su familia podría seguir viva. Rechaza a House y parte con Dogmeat rumbo a Colorado.
Antes de la guerra, Cooper era un marido y un padre entregado, un creyente acérrimo del Sueño Americano y un anticomunista convencido tras su paso por Alaska. La cultura cambiante y el dominio de las megacorporaciones pusieron a prueba sus principios hasta romperlos: cuando supo que la empresa de su mujer conspiraba para usar la guerra nuclear en su propio beneficio, perdió la fe.
La Gran Guerra lo alteró para siempre. Doscientos años de supervivencia lo convirtieron en un hombre cínico, amargo y despiadadamente pragmático, que ya no cree en la bondad pero conserva un curioso código de honor: encontrar a su familia. Mantiene una debilidad por los perros (primero Roosevelt, luego Dogmeat) y, pese a su brutalidad, suele ser educado incluso con quienes piensa hacer daño. Perdona a quien no considera una amenaza (como a Sorrel Booker) y calcula cada disparo: hiere a Hank en lugar de matarlo solo para poder rastrearlo después.
🤠 La frase que lo define: cuando alguien dice que hace «un último trabajo», él responde que eso suele significar que a esa persona «ya no le late el corazón en esto». Él, en cambio, mata «por amor al oficio».
El maquillaje y las prótesis del Necrófago son, en su mayoría, efectos prácticos; la nariz ausente (la marca de la casa de los necrófagos) se borró con efectos visuales en posproducción. El diseñador de maquillaje Jake Garber contó que recibió el encargo de hacer al personaje más «agradable» a la vista que los necrófagos anteriores de la saga (el clásico aspecto de «cadáver andante»), para que la interpretación de Goggins luciera y no quedara tapada por un aspecto repelente.
Walton Goggins evitó a propósito inspirarse en personajes previos de Fallout y bebió directamente del western clásico: John Wayne, Clint Eastwood y, según amplió en una entrevista de junio de 2026, el cine de John Ford (con Centauros del desierto). Llegó a ver entre 30 y 40 westerns durante el rodaje de la primera temporada, uno cada mañana, e incluso estudió apariciones televisivas de actores como James Arness en Gunsmoke para calcar cómo se vestían, andaban, hablaban y bromeaban.
Goggins también se inventó una historia de fondo para Cooper: criado en el Medio Oeste rural y de buena familia, llegó a Hollywood para ser doble de riesgo a caballo y terminó como actor casi por accidente, al robarle una escena a otro intérprete. En el doblaje, el Necrófago tiene voz propia en cada idioma: en castellano lo dobla Luis Reina (la voz habitual de Ezio en Assassin’s Creed) y, en español latino, René García.
El Necrófago es, en el fondo, la mejor declaración de intenciones de Fallout: un recordatorio de que la guerra nunca cambia, pero las personas, a la fuerza, sí.
De estrella de cine a leyenda del Yermo: la historia del Necrófago es la prueba de que en Fallout los monstruos más interesantes fueron, primero, personas. Y todavía nos quedan muchas cápsulas que abrir.
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