Actualizado el:
28.09.2026
La cantera de mármol más siniestra de Fallout 4: una tapadera para un culto a dioses oscuros, hoy tomada por los Forjados y los necrófagos.

Dunwich Borers
Dunwich Borers es una vieja cantera de mármol del Commonwealth, en Fallout 4. Antes de la guerra, la empresa Dunwich Borers LLC la usaba como tapadera para excavar en busca de un templo dedicado a dioses oscuros, y sus jefes acabaron sacrificados (hoy necrófagos). Ahora la ocupan los saqueadores Forjados. En su fondo submarino aguardan una estatua ciclópea y el arma única Diente de Kremvh. Es el rincón más lovecraftiano del juego.
Fallout siempre ha coqueteado con el terror, pero pocos lugares dan tanto mal rollo como este. Dunwich Borers es una vieja cantera de mármol del Commonwealth, en Fallout 4, donde lo que de verdad se extraía no era piedra... sino algo mucho más antiguo y oscuro.
Hoy ocupada por los saqueadores Forjados y plagada de necrófagos salvajes en sus profundidades, la cantera esconde uno de los secretos más inquietantes (y lovecraftianos) del juego. Baja con cuidado.
Antes de la guerra, la cantera la explotaba Dunwich Borers LLC, una empresa tristemente célebre por su desprecio absoluto a la seguridad: barandillas que solo se cambiaban al romperse, muertes en obra (de trabajadores o incluso de sus hijos) tratadas con indiferencia, «horas felices» junto al pozo con el alcohol descontado del sueldo y hasta robots comprados solo para que la gente no se acercara al borde de la excavación. Todo muy rentable... y todo una farsa: la dirección no buscaba mármol, sino un templo subterráneo dedicado a dioses oscuros y olvidados. Cuando por fin se halló el acceso, el jefe de estación Tim Shoots avisó a la dirección, que le ordenó atraer al resto de jefes hasta allí con engaños a cambio de una jugosa recompensa. Shoots los llevó a la trampa: los cuatro fueron sacrificados y condenados a vagar bajo tierra como necrófagos para siempre.
Es una antigua cantera de mármol del Commonwealth, hoy ocupada por los saqueadores Forjados y habitada por necrófagos salvajes en sus niveles más profundos. Antes de la guerra, la empresa Dunwich Borers LLC la usaba como tapadera para excavar en busca de un templo dedicado a dioses oscuros.
En el exterior te esperan alrededor de una docena de saqueadores (uno con servoarmadura) y, en el interior, trampas y oleadas de necrófagos salvajes que se activan al accionar los cuadros eléctricos. Es una localización peligrosa, pensada como una gran mazmorra explorable.
Es un machete único y maldito que se encuentra en el altar de la cámara submarina más profunda de la cantera, junto a varias mininucleares. Llegar hasta él exige bucear por un túnel irradiado, pasando junto a una enorme estatua ciclópea enterrada.
Mucho. El lugar es un homenaje a H.P. Lovecraft y sus Mitos de Cthulhu: el nombre remite a su relato «El horror de Dunwich» y la estatua del fondo evoca «La casa maldita». Ya en Fallout 3 existía el Edificio Dunwich, de la misma familia, con fenómenos paranormales parecidos.
Doscientos años después, los Forjados reconvirtieron el lugar en una fuente de chatarra y hierro para su fundición de Saugus. Sus saqueadores empezaron a recoger todo el metal del sitio, hasta que los rumores de que la cantera estaba encantada empezaron a frenar el trabajo.
Ante el incumplimiento de las cuotas, el líder Slag envió a su lugarteniente, Bedlam, a poner orden. Ella creyó que la cuadrilla solo estaba asustada por unos cuantos necrófagos y los obligó a volver al tajo. Sacaron dos envíos más... pero antes del tercero, la cuadrilla entera desapareció. Bedlam bajó entonces en persona a averiguar qué demonios estaba pasando ahí abajo.
Cuando el Único Superviviente explora la cantera, el ambiente se vuelve cada vez más opresivo: el suelo retumba con pasos y temblores que se intensifican a medida que se baja. Al accionar ciertos cuadros eléctricos, oleadas de necrófagos salvajes se lanzan hacia el jugador desde la oscuridad.
Y entonces llegan los flashbacks: destellos de luz blanca que, por un instante, muestran a empleados preguerra trabajando o una escena ritual. En la cámara más profunda, una visión revela a un hombre con vestiduras de pastor (el «Carnicero») oficiando un rito ante nueve fieles arrodillados. Al volver el presente, solo quedan los cuatro necrófagos con nombre: los antiguos jefes de estación, entre ellos Tim Shoots, el cómplice de la dirección. Y un detalle escalofriante: al recuperar la holocinta de la dirección, esos cuatro necrófagos pierden su nombre, como si el juego borrara lo último que les quedaba de humanos.
En el punto más bajo, la plataforma del ritual ha dado paso a un estanque irradiado. Quien se atreva a bucear por el túnel del fondo se topará, entre la niebla, con una estatua ciclópea medio enterrada que lo observa con un ojo sin pupila. Es una de las imágenes más perturbadoras del juego.
Más allá hay una cámara con un altar donde aguarda la recompensa: el Diente de Kremvh, un machete único y maldito, flanqueado por mininucleares. Repartidos por la cantera hay también un cabezón de Sigilo y un par de holocintas (La Dunwich - Tim Shoots y La Dunwich - Dirección) que rematan la historia del culto. Un consejo: no bajes al estanque con servoarmadura, porque podrías quedarte sin forma de sacarla de ahí.
Dunwich Borers es un homenaje en toda regla a H.P. Lovecraft y sus Mitos de Cthulhu. El propio nombre remite a su relato El horror de Dunwich, y la estatua enterrada bajo tierra evoca La casa maldita, donde alguien excava bajo una casa encantada y desentierra a un ser colosal.
No es la primera vez que la saga visita Dunwich: en Fallout 3 ya existía el Edificio Dunwich, propiedad de la misma familia (los Dunwich) y escenario de fenómenos similares. En Fallout 4, además, tanto el asesino Pickman (que llega a confesar que sus crímenes se alimentaban de la cercanía de Dunwich Borers) como Lorenzo Cabot hablan de los inquietantes «susurros» que brotan del pozo. Por cierto, esa estatua colosal del fondo es en realidad una escultura del centro de Boston reutilizada y agrandada por los desarrolladores: el terror, a veces, se hace con lo que hay a mano. Si buscas el rincón más terrorífico del Commonwealth, ya sabes dónde cavar.
Cultos olvidados, dioses oscuros y susurros bajo tierra: Dunwich Borers es la cara más lovecraftiana de Fallout. Si te van estas historias de terror en el Yermo, este es tu podcast.
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