Actualizado el:
19.10.2026
El «Refugio del Futuro»: un experimento agrícola que un hongo asesino convirtió en una pesadilla de portadores de esporas. New Vegas en estado puro.

Refugio 22
El Refugio 22 (Vault 22) es un Refugio del Yermo de Mojave en Fallout: New Vegas, el único de la región dedicado a la ciencia: un Refugio «verde» donde unos científicos investigaban cultivos para combatir el hambre. Todo se torció cuando un hongo de control de plagas, Beauveria mordicana, empezó a infectar a las personas y a convertir a los muertos en agresivos portadores de esporas. Hoy es un invernadero mortal cubierto de plantas.
Vault-Tec lo llamó pomposamente «el Refugio del Futuro». La realidad fue muy distinta: el Refugio 22 es uno de los lugares más inquietantes de Fallout: New Vegas, un invernadero subterráneo donde un experimento bienintencionado se convirtió en una pesadilla.
A diferencia del resto de Refugios de la región de Mojave, el 22 no se construyó para albergar civiles, sino para que un grupo de científicos investigara cultivos capaces de combatir el hambre mundial. Era un Refugio «verde»... hasta que dejó de serlo. Hoy te cuento qué salió mal.
Tras la Gran Guerra, los científicos del 22 siguieron con sus experimentos agrícolas para alimentarse con sus propias plantas. Uno de los donativos que recibieron sería su perdición: la Beauveria mordicana, un hongo de control de plagas desarrollado en el jardín botánico X-22 del Big MT. Su funcionamiento era escalofriante: infectaba a un insecto, lo colonizaba, lo mataba y luego controlaba su cuerpo para seguir esparciendo esporas. Tardaba entre diez y veinte días en acabar con su huésped y era poco eficaz contra plagas solitarias, pero contra las sociales resultaba devastador.
El Refugio 22 (Vault 22) es un Refugio del Yermo de Mojave que, a diferencia de los demás de la región, no albergaba civiles sino a científicos dedicados a investigar cultivos para combatir el hambre. Era un Refugio «verde», pero un hongo experimental acabó con todos y lo convirtió en un peligroso invernadero lleno de portadores de esporas.
Un hongo de control de plagas, la Beauveria mordicana, traído del Big MT, resultó capaz de infectar a los humanos. Sus esporas se extendieron por el Refugio, mataron a los científicos y convirtieron sus cuerpos en portadores de esporas. Para 2096, el Refugio estaba abandonado por los vivos y un grupo de supervivientes huyó hacia Zion.
Son los cadáveres de las víctimas del hongo Beauveria mordicana, reanimados y controlados por la colonia fúngica que crece en su interior. Su única función es moverse y esparcir nuevas esporas para infectar a más huéspedes. En el Refugio 22 son el principal enemigo, sobre todo las variantes «salvajes» de los niveles inferiores.
Un grupo de 118 supervivientes del Refugio huyó en 2096 al cañón de Zion (la zona de la expansión Honest Hearts), donde masacraron y se comieron a unos refugiados mexicanos. El superviviente Randall Clark los cazó en venganza y se convirtió en «el Padre de las Cuevas», una figura legendaria para la tribu de los Afligidos.
El problema es que el hongo también podía infectar a seres humanos. Sus esporas se extendieron por el Refugio sin que nadie lo supiera. El primer caso confirmado fue el del doctor Harrison Peters: empezó con neumonía y acabó con fallo orgánico... y entonces el hongo tomó el control de su cadáver, convirtiéndolo en un agresivo portador de esporas, cuya única misión es infectar a más gente.
La infección, intratable, se propagó como la pólvora y hundió el orden social del Refugio. Los científicos intentaron quemar a los portadores liberando gas en los niveles inferiores, pero el plan salió mal y los carriers los masacraron. Para 2096, el Refugio 22 estaba abandonado por los vivos, habitado solo por portadores y colonias de hongo.
Un grupo de 118 supervivientes abandonó el Refugio y llegó en 2096 al cañón de Zion (Utah), donde se toparon con unos refugiados mexicanos. Mejor armados y organizados, los del Refugio 22 masacraron a aquella gente... y se los comieron.
El horror tuvo testigo: Randall Clark, un exsoldado superviviente que vivía en el cañón. Al descubrir el canibalismo, algo se rompió en él y emprendió una guerra de venganza sin cuartel: a partir de febrero de 2096 cazó él solo al menos a 24 de los 118, encajando incluso un disparo de 10 mm. Diez meses después, tras perder a la mayoría de los suyos entre la enfermedad y aquel «asesino», los pocos que quedaban huyeron del cañón. Para los Afligidos, la tribu que más tarde habitaría Zion, Clark pasaría a la leyenda como «el Padre en las Cuevas», inmortalizado en murales que lo representan entre rayos y junto al número «22».
Con los años, el Refugio quedó invadido por la vegetación, las mantis gigantes y los portadores de esporas. En 2281, el científico Thomas Hildern, de la Oficina de Ciencia e Industria de la RNC, se obsesionó con recuperar los datos del Refugio, esperando mejorar las cosechas de la República (y, de paso, ganarse un buen ascenso). Tras enviar a varios mercenarios, su colega Keely acabó entrando ella misma a investigar.
Explorarlo no es para cobardes: cinco niveles plagados de portadores «salvajes», mantis gigantes y plantas de esporas. La entrada, además, es de las pocas de la región que da directamente al exterior, con un cartel que lo dice todo: «¡No entres! ¡Las plantas matan!».
El Refugio 22 es Fallout en su versión más amarga: un sueño noble (acabar con el hambre) que la ambición y la tecnología sin control convierten en una tumba verde. Otro recordatorio de que, en el Yermo, las buenas intenciones también matan.
Un Refugio que quería salvar al mundo del hambre y acabó devorado por sus propias plantas: el Refugio 22 es de los lugares que mejor resumen el alma de Fallout. Si te van estas historias, este es tu podcast.
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